No te acobardes nunca, no te tragues tus sentimientos por algo tan vulgar como el orgullo porque realmente el orgullo no te salva, el amor sí.
Piensa que de todas formas algún día tienes que perder batallas porque sino nunca aprenderás a valorar nada y tendrás la felicidad ante tus ojos y no sabrás verla.
Sonríe cada mañana, sin importar que dentro de unos años te salgan marcas de expresión, regala amor sin esperar que te de lo devuelvan y sobre todo disfruta de los pequeños placeres como, por ejemplo, ver un amanecer con tus mejores amigos después de una noche en vela riendo.
Porque la verdadera sensación de felicidad, de plenitud empieza por saber valorar esos momentos.

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